El error de precios más común que veo en negocios de LATAM no es cobrar muy poco. Es cobrar sin saber exactamente cuánto les cuesta producir lo que venden.

Son cosas distintas. Y la diferencia entre las dos puede ser la supervivencia de tu empresa.


El método del “ojo al cristo”

La mayoría de empresarios fijan precios de una de estas tres maneras:

  • Copian a la competencia: “ellos cobran $50, yo cobro $45 para ganarles clientes.”
  • Calculan sobre el costo del producto: “me cuesta $20, le pongo el 100% de margen y cobro $40.”
  • Cobran lo que sienten: “con $60 suena razonable para el mercado.”

El problema con las tres es que ninguna garantiza que el negocio sea rentable. Una puede serlo por accidente; las otras dos casi seguro que no.


La diferencia entre costo y gasto

Antes de fijar un precio, hay que tener claro que en un negocio existen dos tipos de egresos:

Costo: todo lo que está directamente relacionado con producir o entregar lo que vendes. Si fabricas empanadas, el costo incluye la harina, el relleno, el aceite, el tiempo de quien las hace.

Gasto: todo lo que necesitas para que el negocio funcione pero que no va directamente al producto. Arriendo, internet, publicidad, sueldos administrativos, servicios públicos.

El error clásico es fijar precio solo sobre el costo y olvidarse de los gastos. El resultado: el producto “genera margen” pero el negocio pierde plata al final del mes.


La fórmula básica que funciona

Para que un precio sea sostenible tiene que cubrir tres cosas:

  1. El costo variable del producto: lo que gastas por cada unidad vendida.
  2. La parte proporcional de los gastos fijos: si vendes 100 unidades al mes y tus gastos fijos son $1.000.000, cada unidad debe cargar $10.000 de gastos.
  3. La utilidad que quieres generar: no la que sobra — la que defines desde el principio.

La fórmula se ve así:

Precio = Costo variable + Gastos fijos / unidades esperadas + Utilidad deseada


Un ejemplo real simplificado

Tienes una tienda de ropa. Cada prenda te cuesta $80.000 (costo variable). Tus gastos fijos mensuales son $2.000.000. Esperas vender 50 prendas al mes. Quieres una utilidad del 30% sobre el precio de venta.

Paso a paso:

  • Costo variable por unidad: $80.000
  • Gastos fijos por unidad: $2.000.000 / 50 = $40.000
  • Costo total por unidad: $80.000 + $40.000 = $120.000
  • Si quiero 30% de utilidad sobre el precio: precio = $120.000 / (1 - 0,30) = $171.428

Eso es lo mínimo que deberías cobrar para que el negocio sea viable con esas unidades vendidas. Todo lo que cobres por encima mejora tu margen. Todo lo que cobres por debajo y el negocio está subsidiando su propia operación.


Lo que cambia cuando sabes tu precio mínimo

Cuando tienes este número claro, las conversaciones con clientes cambian. Ya no negocias desde la urgencia o el miedo a perder la venta — negocias desde la claridad de saber hasta dónde puedes bajar sin hacerle daño al negocio.

También cambia la forma en que evalúas la competencia. Si alguien te cobra menos, tienes dos opciones: ellos tienen una estructura de costos más eficiente (y vale la pena entender por qué), o están vendiendo por debajo de su punto de equilibrio sin saberlo.

Ambas son información valiosa.

Cuando sabes tu precio mínimo, dejas de negociar desde el miedo a perder la venta y empiezas a negociar desde la claridad de saber exactamente hasta dónde puedes ceder.


El primer paso práctico

Antes de revisar tus precios, levanta tus números:

  1. Lista todos tus costos variables por producto o servicio.
  2. Suma todos tus gastos fijos mensuales.
  3. Define cuántas unidades esperas vender en un mes normal.
  4. Decide qué porcentaje de utilidad quieres generar.

Con esos cuatro datos puedes calcular tu precio mínimo en menos de 10 minutos. Si descubres que estás cobrando por debajo de ese número, ya sabes por dónde empezar.